Semana dos
Vamos todavía! Me baño por motus propio y no porque alguien me aviso. ¡Y…me visto! Pero lo mejor de todo: me peino.
Noto que estoy mejor porque en vez de llamar por 20 minutos acada una de mis amigas, las llamo por 19 minutos y medio a cada una, de los cuales tan solo 15 llore, y ¡ojo! ¡Corté yo! No me echó nadie esta vez.
Es en esta semana que uno no llora tanto, le sobra tiempo para empezar a imaginar distintas situaciones, a veces de venganza y otras de perdón.
Una se lo imagina arrodillado golpeando la puerta con flores y un anillo, llorando y suplicando perdón; es ahí que viene la mejor parte de la fantasía: -Bueno me hiciste mal, pero soy tan buena que… te perdono, que no suceda otra vez-. O bien, nos imaginamos con alguien, cualquiera que sea más lindo al anterior, que nos promete sernos fiel, y nos propone casamiento y mantenernos. Pero hay partes del día en la que se nos prende la lamparita: mejor enfocarse en otras cosas, en actividades, en ir al gimnasio, en ir a caminar, en empezar terapia, en…en… en romperle el auto, en quemarle la casa, en ir a tirar de los pelos a la “otra”, en gritarle algo en la calle…cosas así…
Y la gente de nuestro entorno se va a enterando, y cuando se termina de enterar, se transmite la información al entorno de nuestro entorno. Y la transmisión de la información se da distintas formas:
A)El boca a boca enfrente de uno:
–Che por qué esa cara?-. -…(Silencio incomódo)-.
–No sabés que cortó?-se expresa muy delicadamente quien está a nuestro lado. No satisfecha, la primera persona te mira y pregunta:
–Cortaste?-.
B)El boca a boca, frente a uno pero disimulado:
Se escucha una voz bajita
–Cheeee, le pasa algo?-.
–Pasa que cortó, shshsh-.
-Ah! Que macana!, cuando che?-.
–Después hablamos, disimulá que nos mira…-.
C)El sistema más desubicado:
-Cheeeeee me enteré que cortaste!- (preferentemente en público y en voz alta)
Uno descubre el poder de clarividencia de los demás:-Yo no te veía con ese chico…-.
Tal vez lo más incómodo y lo más molesto es escuchar: -Yo sabía, pero no te dije nada porque…-. Lo habré escuchado 350 veces, solamente las primeras 249 me dolieron.
En esta semana es que la sobreprotección, la barrera de contención empieza a desvanecerse, y el mundo real empieza a abrirse camino. Una llamada, un texto, una conversación por el Messenger, algo nos avisa que tal día deberemos presentarnos en algún lugar para alguna reunión social.
Y una va, no entiendo bien si por puro masoquismo, o porque hace muchos días que no ve mucha gente junta, o porque se da cuenta que sus amigas ya no disimulan cierto hartazgo a nuestro tema.
Te vestís, te ves al espejo y personalmente me fue inevitable no ver hacia arriba de mi cabeza, lo de la salida de cuernos definitivamente es en sentido figurado.
Me siento ansiosa antes de salir por varias razones: 1) Porque fui cornuda, 2) porque me lo puedo cruzar y 3) porque me voy a cruzar con alguien que sabe que fui cornuda. Entonces decido ponerme lo que mejor me queda, y si no lo tengo, me lo compro, no me voy a arriesgar a que encima de que van a hablar porque fui cornuda, me saquen el cuero por mal vestida, o mal maquillada, no no no.
Se llega al lugar, se saluda, se camina hacia un puesto donde estar segura y que no lleguen muchos a preguntar. Pero…llegan!
– Hola! – y te miran, ponen cara de lástima y se van, los más valientes sacan conversación. –Che me enteré lo que te pasó-.Una intenta divertirse, de hecho encuentra cinco minutos dentro de tanto chusmerío en que se divierte y escucha en voces bajas murmullos tales como-Nooooooo, jodeme- o-Recién se enteró?-
Semana 3…
Ya me baño, me levanto sin llorar (lagrimeo pero NO LLORO) me acuesto sin llorar, no puedo ver películas romanticas todavía pero la llevo.
Me veo al espejo, me veo más linda, tal vez cambiaron el foco del depto. Muchos hablan de lo bien que me ven, tengo 5 kilos menos por los nervios que pasé y la deshidratación sufrida por el llanto de tantos días, y tengo la piel tersa porque luego de muchas noches de no dormir mi cuerpo inverna de vez en cuando, así que consecuencia de ello tengo ojos más grandes y pestañas arqueadas. Nadie sabe que lo bien que me ven es sin duda consecuencia de una pequeña depresión, a mí me basta escuchar: -ESTÁS MÁS LINDA QUE NUNCA-.
Salgo a la calle y hago trayectos más largos a los que en los últimos días venía realizando, me atrevo hasta a hacer más de un kilómetro sola, todavía tengo miedo de encontrármelo, pero lo soporto, como me doy cuenta que estoy mejorando y motivada por la confianza que me dio el tener el sol en la cara empecé a cantar: -Libre♪ como el sol cuando aparece yo soy libre♫ como el mar♫- Cuando se dieron vuelta cinco personas, fue que me di cuenta que venía cantando en voz alta.
No sé si estoy feliz, pero sí tengo esperanzas renovadas. Y tomo confianza. Uso shorts y polleras cortas. Y hasta me alegro de escuchar ciertas guarangadas, y estoy agradeciendo que no haya caído ningún aire acondicionado o aplastado algún auto.
De eso venía mi tercer semana, cuando iba por la vereda hiper sexi oliendo a perfume semi caro de folleto, con gafas nuevas y pensando en como llenar mi llenar mi noche cuando lo vi. En realidad los vi, él no iba solo, yo sí.
Sentí ganas de correr o en su defecto que la tierra me trague y no me expulse más. Sin nadie que me sostenga en pleno shock
No sé como hice pero llegué de vuelta a casa, cerré la puerta y lloré y lloré, pero esta vez el portero no me escuchó, esta vez aprendí a sr más calma.
Esa noche no dormí, siguiente tampoco. La imagen de él y ella ( la nueva) no me deja de venir una y otra vez a la mente. Me cae mal la comida y me vuelvo a sentir pésimo. Pero pasan los días y esa imagen terrorífica que se me había tatuado en la mente, se vuelve una figurita casi insignificante.
Como siempre grandes protagonistas de esta historia mis amigas. Llega una con cara larga y sinceramente creí que venía con algún problema digestivo, caminaba dura y arrugaba la frente, venía seria. Emito mi mejor saludo rogando para mis adentros: Ay! Que no me lo cuente!. Me toma de los hombros (ay! me lo va a decir y me va a doler…). Y yo sé lo que me va a decir y yo no quiero que me lo diga, y ella sabe que me va a doler, pero no sabe que sé lo que me está por decir, y como buena samaritana emite confesión: -Ayer lo vi, iba con ella-. Aaaaaaaaaaa porque duele la confirmación de lo que ya sabemos? Es una incógnita que no me la puedo responder, me va a doler me duele me duele y me dolió….
-Sí ya sé! Ayer lo vi-
-Tenés que ser fuerte-
-Si ya sé-….-Si ya sé-…-Ya sé ya sé-.
Llego a casa, me preparo unos mates, tomo algo para el dolor de cabeza en eso suena el teléfono. Oh! Madre! Podré llorar tranquila, menos mal! Atiendo preparando mi tono compungido para obtener su sobre protección.
-Hola Má-.
-Hijita.-. Llorando. – Cómo estás?-. se suena la nariz, muy cerca del teléfono.
-Mami, qué pasó?-. Se terminó el tono compungido.
-Hijita tengo que contarte algo. Te lo cuento pero prométeme que no te vas a poner mal-. Oh! Me olvidaba! Claro! No solo es mi madre, es la “Madre de la Cornuda”.
-Lo viste, no?-
-Sí- Y ese sí lo emitió con un llanto que cargaba pena dolor, y sobre todo…DRAMA.
-Bueno má, tranquila, esto ya sabíamos-.
-Sí pero…pero…-, no paraba de llorar-Cómo puede hacernos esto?-.
-Bueno má, tranquila no llores, calmate- tengo ganas de recitarle el sana sana.
Después de mi madre hubo una seguidilla de llamados de las mujeres de mi familia, dos tías, tres primas, y mi abuela, tuve que consolar a todas. Pero hubo un llamdo que no esperaba, o más bien fue sorpresivo, el de mi papá.